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La carrera de vivir y vivir la carrera


Mi prima Margaret está en los 40 años. Es alta, delgada y en apariencia bastante callada hasta cuando la "picas" y te das cuenta que en realidad es una buena conversadora. Con el tiempo he aprendido que los silencios también son parte de las conversaciones amenas.

Resulta ser que Margaret es corredora, no de carros, ni de aduanas, sino de piernas y zancadas. Un día me encontré con un artículo en el periódico que comentaba sobre una maratón (ultramaratón) de 50 millas, unos 80.4 kilómetros, que se realizó en California, en la que participaron varios panameños, entre ellos Margaret. Su posición de llegada final fue la 428 y su tiempo 13 horas con 22 minutos.

Esa noche, los últimos pensamientos del día merodeaban esas 13 horas y 22 minutos. ¿Cómo hace uno para correr tantas horas seguidas? O sea, desde que había leído la noticia hasta la hora de acostarme todavía no habían transcurrido las trece horas. Visto de otra manera, primero llegaba un bus que saliera de Panamá rumbo a Chiriquí y quedaba tiempo para tomarse unas pintas.

Afortunadamente pocos días después pude conversar con Margaret y le pregunté cómo podía aguantar tanto. Me contestó lo que esperaba, entrenamiento, alimentación adecuada, horas de sueño y un etcétera lógico hasta que fue contando lo que sucede más allá de la "barrera del dolor", cuando la mente llega a algo así como un piloto automático y donde el yo controlador consciente queda atrás dando espacio a un yo que funciona con la fortaleza exclusiva de la voluntad. Esa transición, a mi ver, de conciencias, se da en el marco del intenso esfuerzo físico, donde los valores químicos del organismo sufren cambios, el ritmo cardíaco, la oxigenación celular y una serie de acontecimientos fisiológicos caen como en una especie de agonía que despierta ese segundo corredor que toma posesión en lo intangible del concepto voluntad y lo transforma en una realización comprobable, es decir, como se diría en buen panameño, de huevo a huevo. Me imagino que si le hubieran aumentado tres kilómetros más a la carrera, ese cuerpo hubiera llegado a la meta aunque sea gateando.

Sonará ilógico, pero creo que en tanto esfuerzo físico y mental también hay un descanso cuando necesariamente se abandonan todos los lastres que recargan la mente para poder alcanzar lo deseado. De ahí la satisfacción enorme que me comentó Margaret de lograr recorrer los 80.4 kilómetros, pues el reto principal era con ella.

Comments

Hilze Maria said…
Margaret es el vivo ejemplo que la disciplina que te aplicas desde pequeña perdura no importa la edad.
Lastima que esas buenas noticias no sean de primera plana en las televisoras y no el bombardea de noticias negativas y sangrientas, bien por mi sobrina
Hilze
Anonymous said…
Hola primo,
Sabras que ya me pican las piernas por hacer otra ultramaraton pero esta vez voy a correr 160kms.Tiempo estimado de corrida 35-40 horas! Tengo 1 anio para ir entrenando mis piernas y mi mente para llevarlo a cabo.
No te preocupes que nadie se muere de tanto correr, al contrario estoy mas viva que los que vegetan frente a sus pantallas de TV o de compu por horas y horas...
Saludos, Margaret

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