Friday, November 12, 2010



Cantares del subdesarrollo (y ¿qué es subdesarrollo?)

El álbum musical “Cantares del subdesarrollo” me gustó. Me recordó mucho los años ochenta, los pregones, el estilo de ese tiempo, Calidonia, Vía España, la política y el color popular que tenía la Ciudad. Reconozco que no soy un conocedor profundo de la salsa ni de todos sus ingredientes, sin embargo el trabajo de Blades simplemente cumple en mí la posibilidad de transportación y disfrute. ¿Qué más necesito?

Algunas letras contienen una clara expresión religiosa santera y otras el simple sabor a conversación y jodedera de esquina. Así de fácil. Sin mucho maquillaje ni adorno son narraciones interesantes que dibujan a los personajes con facilidad y permiten meterlos en escenarios conocidos. Por ejemplo, el tartamudo que pretendía sexo fiao, lo imaginé en las cantinas del mercado, por allá en La Bocatoreña o La Mayor. O como el tipo que reta a pelear a otro que nunca llegó, este me hace ver lo contrario de la realidad actual en la que los pelaos andan matando gente sin ningún motivo cuerdo. En Segunda mitad del noveno, con una analogía deportiva, Rubén pone en base situaciones que golpean: miedo, hambre, rabia, rematando con la frase “aquí se decide el juego, pero no sabemos qué hacer / aquí se decide el juego y no podemos perder”.

Creo que el trabajo en conjunto recoge un sentir generalizado, con aderezo panameño, y cae de a pelo en estos tiempos en que muchos pretenden ser lo que no son.

Parece que los gobernantes de los países después de siglos de historia mantienen la idea de que la humanidad se sustenta en la economía en vez del amor.

Bueno, sin querer irme a otros temas, pero en el fondo necesarios, creo que el álbum da un repaso a los conceptos primarios: la esperanza, los sentimientos, y el amor (sin tener que mencionar la palabra).

Finalmente discrepo con el título del proyecto “Cantares del subdesarrollo” y aunque sé que tiene su explicación, prefiero irme con la idea de un amigo que me dijo en una ocasión: no hay pueblos esclavos, sino esclavizados.

Ah, se me olvidaba, esta opinión la escribí antes de que el disco se ganara el Grammy (¿un premio del desarrollo?).


noviembre 2010