Sunday, November 20, 2011





Hospital Da Vinci, Dalí.


Visité la exposición de Da Vinci y Dalí en el Hospital Santo Tomás... el Elefante blanco. El primer paso, entrar por un pasillo que me llevaría a la barriga del Elefante para encontrarme con la sospecha de lo que vería y con el nombre de dos monstruos que por separado dan hilo suficiente para hablar de ellos.

Da Vinci, sus inventos, sus códigos, pinturas. Mil cosas. Que si la propuesta de un aparato volador, una metralleta de 360 grados, un tambor automático, un banco para dibujar perspectivas, cojinetes y balineras, medidores de la fuerza del viento, el traje de un buzo, y un montón de cosas más. Por otro lado, la mona lisa y sus misterios, qué pasó con las pestañas, la pedrada que le dio un loco, Napoleón la tenía en el baño, el experimento, la fotografía que le tomaron con miles de pixeles. Como dice mi amigo Alex, toda la parafernalia, todo el andamiaje, hasta los índices táctiles en grandes pantallas para mostrar el genio y creatividad de un hombre.

Luego, al salir del recorrido "Da Viciano" se entra al surrealismo "Daliciano". Tremenda mi sorpresa cuando toda la ilusión se redujo a un saloncito con unos cuadros y unos pequeños afiches de Salvador. Eso fue todo. Al otro lado del pasillo, una propuesta de vestidos y calzoncillos de Moisés Sandoya con un aire de homenaje o reconocimiento a Dalí (me imagino, porque tenía unas fotos de la cara del excéntrico español).

Esto para mí fue desencantador, un calambre en la planta del pie mientras duermes. Si no tenían material suficiente pues no pongan nada y no lo metan en el baile. Unos pocos cuadros, peor, en marcos golpeados, astillados, un afiche y un par de fotocopias, así se ofende al artista y al visitante. ¿Eso es todo lo que pueden mostrar y decir de Dalí? -no puedo creerlo-.

Recurrir a unos trajes de Sandoya... ¿para completar la muestra? Unas botellas de agua vacía, unos carrizos y unos calzoncillos con mariposas pegadas ¿es surrealismo? Mil veces más surrealista es la propuesta que ví de un indigente que ha interconectado cuatro coches destartalados de bebé y los empuja cargados de hierros, como un moderno tranvía que carga a cuestas la esperanza de un adicto en la inocencia de coches que probablemente cargaron rabiblancos.

Qué viraje radical, pasar de una exposición amplia, detallada, participativa y explicativa a un cierre indigno para un revolucionario de la expresión como Dalí. Me obligo a pensar que esa acción drástica tiene algo que ver con el subconciente de los organizadores y que pretenden llevar al espectador a sensaciones extrañas, quizá hiperrealistas de una sociedad apurada.


Resultados de mi visita a la exposición:

- Pensé en la gente que antes iba a ver a sus parientes y amigos enfermos en ese mismo edificio.
- Pensé en las barandas que dan hacia la Avenida Balboa y que Da Vinci es un gran inventor.
- Pensé que Da Vinci tendría ayudantes para poder hacer tantas cosas.
- Pensé que muchas veces las obras opacan la personalidad del artista. Extraño.
- Que no eran necesarios los trajes de Sandoya para hablar de Dalí.
- Pensé que hay algunas ánimas en los pasillos de la exposición, en las escaleras, en los silencios de las cosas.


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noviembre 2011

Tuesday, October 11, 2011


Pienso que a través de la conversación uno puede alcanzar estados de aprendizaje de forma amena. Con el pasar del tiempo y después de desechar estigmas y refranes innecesarios, que generalmente me predisponían, pude darme cuenta del valor de la conversación más allá del manejo de la información.

Divido en dos áreas la estructura conversacional: 1. lo que se habla (tema) y 2. cómo se habla (actitud). El tema a mi parecer es lo menos importante -como tal- porque siempre existirá y podrá derivarse hacia otros tópicos. De algo se tiene que hablar. Es como cuando vamos a coser y no encontramos el extremo del hilo en el carrete, ¿qué hacemos?, cortamos una parte para poder hacer un inicio y enhebramos la aguja.

El cómo se habla está compuesto de muchos factores que pueden ser: sinceridad, respeto, sensatez, originalidad, amenidad, interés, participación, humildad, exploración, tolerancia, etc. Es en esta parte de la estructura en donde logramos aprender, compartir, enriquecer y disfrutamos la acción.

Un tema puede parecer de lo más insignificante pero con el manejo de la actitud se puede lograr un cambio de estado y niveles de crecimiento y edificación positiva. Con esto me refiero a sentir la necesidad de acción sea aditiva o sustractiva en la vida.

Las conversaciones permiten apreciar el tiempo y el encuentro y de ellas también surgen las interiores unipersonales, la reflexión. (Y la risa a solas que hace que nos llamen locos).

Conversar va más allá de hablar y de mover información de ida y vuelta. El conversar lleva consigo humanidad y herencia.

Cualquier lugar es un buen escenario, aprendamos y beneficiémonos de este valioso recurso.

Wednesday, September 07, 2011




¿Ex Zona del Canal, un nuevo Tratado?

Mi reflexión está basada en la conmemoración de los 34 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter, la que he divorciado de cualquier intención politiquera y ojalá podamos, usted y yo, concluir más puntos de encuentro que divergencias en ésta lectura.

La gestión que en su momento realizaron negociadores de Panamá y Estados Unidos los llevó a formular propuestas para que entre ambos solucionaran no solo el asunto puntual del Canal como obra, sino también un tema de enclave que históricamente representaba una espina en el corazón de la identidad panameña del que generaciones habían acusado recibo con sus luchas.

Quiero dejar un poco de lado lo concerniente al Canal como elemento de operación comercial y técnico para enfocarme en lo que era la Zona del Canal. Esta franja de diez millas de ancho a cada lado del Canal representó algo más que ese espacio de tierra y trascendió como un fenómeno social trastocando las emociones y sentimientos de muchos panameños, aunque algunos tuvieran la oportunidad del beneficio económico por trabajar en esa organización, no escapaban a la punta del zapato que empujaba indiferente un objeto inanimado.

Canciones, poemas, dibujos, pinturas, esculturas, monumentos, es decir, manifestaciones primarias del hombre, germinaron en el sufrimiento, nostalgia, tristeza, enojo, y fueron revestidas de arte, sumándose innumerables piezas que armaron un ideal. Otras expresiones menos plásticas como la sangre derramada y la muerte se expusieron con la sinceridad dolorosa con la que habla un pueblo que lo une una causa común.

¿Acaso era tan necesario ese límite cultural, ideológico, físico, el agravio, la ofensa y discriminación para que funcionara el Canal? ¿No podíamos transitar por nuestras calles sin tener que aislarnos con mallas, placas y diferenciaciones despectivas? Alguien en 1903 les concedió ese terreno, esas millas, los gringos se tomaron otras atribuciones y subestimaron nuestra vergüenza. Siempre han tenido ese problema, creen que su nacionalismo nace de un lugar distinto al de otras naciones.

Sucedieron hechos conocidos y otros anónimos. Llegó 1963, 1977, 1979, y como meta representativa, el año 2000. Cada hito encierra un carácter propio con la consecuente utilidad para que se dieran otros momentos. Ningún hecho es más valioso que otro, aun la sangre derramada lo fue tanto como la que se mantuvo en los cuerpos que sobrevivieron y continuaron el camino.

Quiero hacer un salto cuántico, alejarme en el calendario de esos años significativos para llegar al momento actual, lo que llamamos presente, que puede compararse con un río, que aunque lo sigan llamando de la misma manera, sus aguas no lo son.

¿Acaso ha corrido tanta agua bajo el puente que olvidamos nuestro nombre? Cayó la quinta frontera, pero ¿cuántas más hemos levantado? Ya no se trata de cosechar mangos ni transitar con placa y licencia gringa, no interesa si ahora le llaman áreas revertidas, el tema es lo que era Zona del Canal como concepto, entendida como apellido de todos, Panamá.

Qué pasó, dónde nos perdimos y aprendimos a justificarnos ¿en el pasado conveniente? Es que Torrijos hizo…, es que Arnulfo hizo… O que los gringos, o los rabiblancos…, los comunistas, siempre alguien cargará con la culpa, pero esa culpa tiene un final. Si nos proponemos con sinceridad y amor a cambiar para bien de muchos, en algunos años seremos, también, los responsables en la historia que las cosas mejoren.

La Zona del Canal no es tema de tapete hoy. Supimos encontrarnos, caminar un mismo Norte, sin embargo parece que después nos extraviamos y nada nos une, no hay mística ni certeza. La palabra pueblo se ha gastado en la boca de leguleyos y pandilleros políticos que cada cierto tiempo desempolvan lo que en verdad era una causa y tratan de comercializarse jalando ecos de frases prestadas.

¿Necesitamos nuevamente el fenómeno Zona del Canal para reaccionar? Tristemente hay panameños que actúan de la misma manera que lo hicieron muchos gringos. ¿Qué nos pasa, nos convertimos en lo que señalábamos?

Jairo Llauradó

7 septiembre 2011

34 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter

Friday, February 18, 2011


Hermano del alma

¡Los cuento y me sobran dedos en una mano! Eso escucho decir sobre los amigos… son escasos. Pero, ¿cuál es el requisito para ser amigo? ¿Fidelidad, presencia, frecuencia, compartir secretos, consejería, prestar plata, soportarse, afinidad? —No sé—.

Parece que es muy bien visto repetir sentencias hermosas sobre lo que debe ser la amistad. Esas las podemos escuchar en los concursos de belleza o en las revistas matutinas de la televisión, pero entre lo que debe ser y lo que es hay un espacio que se llena solamente cuando “soy”.

Desde mi punto de vista hay dos períodos que resaltan en la adquisición de amigos. Uno es en la niñez, cuando la emoción priva sobre la razón y el otro, cuando siendo adultos la razón confía en la emoción. He podido comprobar que en ambos casos surge un código secreto de conducta, tan secreto que no se enumera ni se expresa, sólo se usa. Y si por alguna razón, en algún momento, una o ambas partes sintieran que algo los afecta o incomoda siempre habrá una puerta infaltable: la comunicación sincera y humilde. Sólo tendrán llave de esa puerta aquellos que construyeron bien, otros sólo verán una puerta cerrada o quizá ni la tengan.

Con el tiempo he comprendido que para ser o tener amigos no hay que poner tantas trabas. Es como enamorarse (guardando la diferencia), simplemente se da. Cada quien sabrá qué tiene y qué busca, de esta manera se cumple una máxima que decía mi abuela “cuando dos culos se conocen, desde lejos se saludan”.

jairo llauradó

febrero 2011