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Del dicho al hecho en Navidad.


Tarjetas, postales, correos electrónicos, amigos secretos, regalos, abrazos y más abrazos abundan en Diciembre cuando se festeja la Navidad. Es obligatorio desear cosas buenas, prosperidad, felicidad, paz, armonía y un montón de amor. Si algunas de estas palabras no se incluyen en los textos y discursos, muy probablemente no tenemos ese espíritu que invade la temporada y corremos el riesgo de ser vistos como el “Grinch” o el aguafiestas que nunca falta.

Es curioso como la sociedad se viste de un consumismo exagerado. Nadie quiere quedarse por fuera de la gastadera y del jolgorio, total, en el fondo todo vale cuando necesito demostrar que soy buena gente con la gente.

Se me ocurrió una noche, mientras esperaba, ponerme a ver lo que sucedía en el estacionamiento de un centro comercial, y esto fue lo que se dio:

Los estacionamientos llenos hasta desbordar. Carros tratando de estacionarse dan vueltas una y otra vez buscando un espacio libre, como animales acechando, caminan lento y miran hacia todos lados. De pronto un conductor afortunado ve que alguien va a desocupar un puesto e inmediatamente se ubica al lado, enciende sus luces de alerta y espera para entrar de reversa. En el momento en que se desocupa el espacio, otro conductor acelera bruscamente y se mete en el puesto, dejando afuera al que había llegado primero, que frena en seco para no chocarse. El conductor del carro invasor se baja con actitud desentendida, poco importa y se va. Del otro carro salen insultos y maldiciones mientras los niños, que van sentados atrás, miran por el vidrio con desconcierto y susto. ¡Hijo de la gran puuta! es la frase que detiene al conductor invasor cuando caminaba hacia los almacenes. Este se regresa con mal gesto, mientras la esposa del gritón, muy nerviosa intenta impedir que se baje del carro; a todo esto los niños atrás siguen con cara de desconcierto y más susto.

Para no alargarles el cuento, todo terminó en un griterío, las puertas del carro abiertas y de pronto un trueno que no vino del cielo sino de una mano. Después ya saben, un gentío de curiosos, y las noticias de mañana con lo que ya les conté.

Casi se me olvida, Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

jll/dic09

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