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Hace algunos domingos realizaron un debate con los aspirantes a la presidencia del país.
No sé que dijeron porque no lo ví ni lo oí. Creo que no fue muy distinto a lo que siempre dicen (por experiencias anteriores), y que a la hora que están ya en el puesto, se olvidan, se complican, las obvian o por la razón que sea, las incumplen.

Lo que sí sé es que por ahora son accesibles, son cariñosos, sonrientes, entremetidos con el carretillero, el buhonero, la vendedora de frituras y besadores de abuelas bocachas y niños también bocachos. Ya después habrá que entender que los guardaespaldas y los asesores son los que impiden que el populacho se les acerque. Entonces será cuando se reunan en cómodos restaurantes con sus financiadores de campaña para ver como se acomodan las co$as.

Quizás los esté aburriendo, y eso es lo que no quiero, como tampoco dejé que me aburrieran ese domingo demagógico y fue cuando decidí lavar un poco de calzoncillos sucios.

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Derivaciones concretas

Fui a la exposición “Derivaciones concretas”.  Formas geométricas (como todo en la vida), geométrico.  Lógicas.  Cuadrados, rectángulos, colores planos.  Ángulos rectos y siguen los colores planos.  Me sugieren a Alemania, no sé por qué, quizá una revista en el subconsciente.
Carlos Evangelista (español).  De repente rompe la línea recta con una curva, un arco en metal.  Esculturas de acero, cortado, doblado, pintado.  Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo… plano.
Cortar el metal, doblarlo, soldarlo, eliminar el cordón de soldadura, la rebaba y que se vea bien acabado no es fácil.  Sin embargo una curva da la esperanza por lo arriesgado a diferencia de la línea recta que es predecible.
Para mí se conjugan dos cosas en la exposición.  El pensamiento curvo y el pensamiento recto.  Los analistas puros, intransigentes y los permeables, aquellos que permiten otras cosas.
El color plano a ese tamaño no me conmueve.  Más lo hace la limpieza del trabajo, de los empates bien logrados.  Es…
Hospital Da Vinci, Dalí.

Visité la exposición de Da Vinci y Dalí en el Hospital Santo Tomás... el Elefante blanco. El primer paso, entrar por un pasillo que me llevaría a la barriga del Elefante para encontrarme con la sospecha de lo que vería y con el nombre de dos monstruos que por separado dan hilo suficiente para hablar de ellos.
Da Vinci, sus inventos, sus códigos, pinturas. Mil cosas. Que si la propuesta de un aparato volador, una metralleta de 360 grados, un tambor automático, un banco para dibujar perspectivas, cojinetes y balineras, medidores de la fuerza del viento, el traje de un buzo, y un montón de cosas más. Por otro lado, la mona lisa y sus misterios, qué pasó con las pestañas, la pedrada que le dio un loco, Napoleón la tenía en el baño, el experimento, la fotografía que le tomaron con miles de pixeles. Como dice mi amigo Alex, toda la parafernalia, todo el andamiaje, hasta los índices táctiles en grandes pantallas para mostrar el genio y creatividad de un hombre.
Lue…