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Estimado amigo David, no es primera vez que me pasa, aunque hasta anoche creo haber encontrado la respuesta a tan terrible situación.

En un tablillero que tengo en casa acomodé algunos libros que en su momento leí. Cuando me paro frente a ellos y repaso sus lomos con la intención de releer alguno, caigo en el desconcertante abismo de no acordarme de qué tratan, es como si por primera vez los estuviera viendo. Comprenderás que la angustia empieza a crecer cuando tomo alguno, veo la portada, la contraportada y repaso sus hojas con la esperanza de que algún pasaje me revele una pista, jalar un hilo por donde se derramen los recuerdos... pero nada.

Me acosté casi a medianoche.
Tratanto de calmarme cerré los ojos y recordé que meses atrás fui abducido por seres exógenos. Concluí que ésta era la razón que afecta mi memoria.

Cuando desperté en la mañana, llevé el libro de H. P. Lovecraft junto a los otros.

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Derivaciones concretas

Fui a la exposición “Derivaciones concretas”.  Formas geométricas (como todo en la vida), geométrico.  Lógicas.  Cuadrados, rectángulos, colores planos.  Ángulos rectos y siguen los colores planos.  Me sugieren a Alemania, no sé por qué, quizá una revista en el subconsciente.
Carlos Evangelista (español).  De repente rompe la línea recta con una curva, un arco en metal.  Esculturas de acero, cortado, doblado, pintado.  Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo… plano.
Cortar el metal, doblarlo, soldarlo, eliminar el cordón de soldadura, la rebaba y que se vea bien acabado no es fácil.  Sin embargo una curva da la esperanza por lo arriesgado a diferencia de la línea recta que es predecible.
Para mí se conjugan dos cosas en la exposición.  El pensamiento curvo y el pensamiento recto.  Los analistas puros, intransigentes y los permeables, aquellos que permiten otras cosas.
El color plano a ese tamaño no me conmueve.  Más lo hace la limpieza del trabajo, de los empates bien logrados.  Es…
Hospital Da Vinci, Dalí.

Visité la exposición de Da Vinci y Dalí en el Hospital Santo Tomás... el Elefante blanco. El primer paso, entrar por un pasillo que me llevaría a la barriga del Elefante para encontrarme con la sospecha de lo que vería y con el nombre de dos monstruos que por separado dan hilo suficiente para hablar de ellos.
Da Vinci, sus inventos, sus códigos, pinturas. Mil cosas. Que si la propuesta de un aparato volador, una metralleta de 360 grados, un tambor automático, un banco para dibujar perspectivas, cojinetes y balineras, medidores de la fuerza del viento, el traje de un buzo, y un montón de cosas más. Por otro lado, la mona lisa y sus misterios, qué pasó con las pestañas, la pedrada que le dio un loco, Napoleón la tenía en el baño, el experimento, la fotografía que le tomaron con miles de pixeles. Como dice mi amigo Alex, toda la parafernalia, todo el andamiaje, hasta los índices táctiles en grandes pantallas para mostrar el genio y creatividad de un hombre.
Lue…