Wednesday, June 19, 2013

Bienal del Sur 2013. Emplazando mundos.

“En el marco de la celebración del V Centenario del Descubrimiento del Mar del Sur, la Alcaldía de Panamá presenta un evento proyectado al arte y la cultura a nivel internacional para transformar la ciudad y su entorno, promoviendo la participación del público en permanente diálogo e interacción con el mundo del arte.” (laestrella.com.pa / 29 de mayo de 2013)

Me fui para el Centro de Convenciones Figali un sábado en la tarde.  Llovía.  No encontraba la entrada al sótano y no había ninguna señalización obvia ni lógica que me indicara cómo llegar al famoso sótano.  En el edificio abandonado (que era como un hotel) vi algo que me sugirió que por allí era la cosa.  Empecé la gira por unos locales sucios e incómodos por el agua acumulada; no es por quejarse pero la verdad que mojarse los zapatos hasta la mitad y no poder circular cómodamente dista mucho de una buena recepción.  De todas maneras recorrí lo que pude, otros salones estaban cerrados.

Luego divisé lo que asumí era la entrada al sótano… llegué.  No quiero ser necio, pero este escrito lo empiezo citando el tema central de la Bienal, sin embargo de lo que vi en el Figali podría decir que un uno por ciento de lo presentado se acercaría al eje principal, lo demás eran muestras que en algunos casos se sentían pretenciosas, procurando ser arte por imposición.  No se lea o escuche mal, cada quien es libre de expresarse a través de una corriente, pero curar y exponer conlleva unidad temática, equilibrio y dimensión espacial en relación al porqué de la convocatoria.  No es que voy a presentarme con mis trabajos (que pueden o no ser magistrales) y simplemente colocarlos.  Ahora bien, si se pretende a golpe de martillo justificar el encaje, es otra cosa.

No quiero siquiera entrar en pugna por el tema, ya de eso se ha dicho bastante, pero es que no encuentro en casi nada al Mar del Sur y su “descubrimiento”.  Lo que sí sentí fue el gran vacío y dislocación entre los mundos, digo los mundos que hay en las cabezas de los artistas y los mundos que hay en las cabezas de los observadores.  El choque intercultural creo que fue evidente y quizá aquí es donde se rescata (por carambola) el mismo choque que se dio hace 500 años… ¿descubrir?  “Descubrir”.

Lo que hice para darle un sentido a todo fue que empecé a leer lo paratextual (vigas, el edificio, los charcos, la gente), me quedé con lo circundante, con la expresión del marco antes que la del lienzo y construí mi momento en base a las ausencias que se dan en la imposición.  Hice, de esta manera, un reconocimiento y rescate del “descubrimiento del agua tibia”.  No fui a ver el resto de los sitios en donde se exponía, pero creo por lo que he visto en fotos, que la tónica fue la misma.
























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