Wednesday, May 08, 2013

Dony y Rolando


Dony, la esposa de mi primo Rolando falleció en enero de este año.  La conocí más o menos  hace 23 años cuando empezaban de novios.  La enfermedad fue la causa de su partida.  Su funeral, triste por recordación, dolor y duelo también fue uno de los actos más hermosos que he vivido, y lo digo así porque ante el hecho evidente de la muerte, se respiraba vida.  Un corazón desgarrado es como una amputación.  Tener que enfrentar la ausencia inmediata conlleva pensamientos, internalizaciones, enojo, por qués.  Es vivir la duda existencial como protagonista, es cuestionar en un hilo de culpas desde lo ínfimo hasta al mismo Dios.

En un momento de acercamiento Rolando habló frente a todos, acompañado de sus dos hijos. Esta fue una relación… ¡Perfecta!, dijo.  Perfecta porque tuvimos problemas,  porque tuvimos dificultades muchas veces, pero fue perfecta porque nos tuvimos para seguir adelante.

Y digo yo, en la imperfección humana se construye sin las pretensiones exageradas de un perfeccionismo absurdo.  Pero aquellos que se ciegan y deciden quedarse a beber en las fuentes del orgullo obtuso, del rencor desmedido, de lo irreconciliable, están destinados a vivir engañados en lo que llaman firmeza porque no han aprendido que cuando se ama se supera, que para amar se necesita ser más fuerte que para ofender y más sabio que ahogarse en el rencor.

Ese día regresé a la ciudad más tranquilo porque mi duelo lo sentí menos pesado después de comprender que un natural amor imperfecto, es perfecto.

Copio un escrito que Rolando me compartió hecho para sus hijos. 


Hijos:
El amor con su madre fue a mi primera vista. Recuerdo como ayer, la ropa que tenía hace más de 24 años; un jeans amarillo Gloria Vanderbilt y una camisa blanca manga larga con sus cabellos castaños en capas. Este tipo de amor existe y tiene justificación filosófica y bíblica. Duró inclusive hasta que la muerte nos separó. Fue un amor perfecto. Hubo temores que logramos vencer y desavenencias de las cuales aprendimos y llegamos a superar juntos. Hubo entrega total. Cometimos errores pero aprendimos de ellos para que más nunca se repitieran y en base a ellos crecimos juntos. En ocasiones yo era su guía y en otras ella lo era para mí a pesar de los 6 años menor que era. Crecimos en la espiritualidad a medida de los años. Ese fue el dato que nos mantuvo juntos. Viví y disfrute con ella más de la mitad de su vida. Fueron 24 años! Distante de ser y convertirse en una obsesión o en costumbre fue el amor sublime que me llevó a cuidarla y atenderla no solo en la salud sino también en la enfermedad, cuando más lo necesitó. Dios hasta en eso fue sabio y bondadoso con nosotros. En el momento preciso de su enfermedad pude hacerlo y estar presente sin abandonar la atención que requirió.
Soy inmensamente dichoso porque cumplí el juramento que le hice ante el altar aquel sábado con lluvia nocturna  20 de octubre la cuidé  en la salud y en la enfermedad. Su madre fue siempre mi eterna compañera sin importar épocas de escasez o de bonanza. Ella muró en calma y con una paz espiritual que la dotaba del mismo cielo. Somos los testigos más fieles y así lo comprendí, que ella aceptó a Dios y el llamado hacia su reino sin ningún remordimiento ni desesperación por mantenerse aquí en la tierra con nosotros. Dony ya descansa en la paz de nuestro creador. Dicen que uno no debe cuestionar a Dios sobre el ¿por qué? Sin embargo les confieso que sí lo hice pero nunca encontré ninguna respuesta.
Mujer activa e incansable, no merecía estar así. En algunas oraciones conversé con Dios y le pedía que me la mantuviera por años pero que no se la llevara…. Luego me di cuenta que era egoísmo!  Ella ya estaba preparada para su viaje eterno.
Nuestra relación no pudo continuar por su partida. Es imposible!!!  Luche en dos ocasiones contra la opresión del demonio que es la depresión, diciéndome que si mi vida junto a Dony no fue triste; porque el final debía ser triste?  Entonces fue cuando me pude levantar del colchón que sentía que me hundía y que en esos momentos también deseaba que me tragara como si fuera arena movediza. Lo hice sólo. Mis dos ángeles más cercanos que son los ustedes:  hijos de lujo! que me dio Dony les agradezco por estar más unidos y pendientes uno del otro, inclusive de mí. Mi amor por ustedes también es incondicional y entregado. Es razón de sentimientos y no de parentesco.  En su actitud veo la obra que ella imaginó; y en ella, el amor que no culminó pero que la muerte interrumpió nuestra relación. Fue una amor lleno de  pasión y de deseo durante los 24 años juntos.
La tristeza profunda que sentimos de la cual ahora nos recuperamos, fue una eternidad…hora tras hora, día tras día experimentando su ausencia. Saben que ella se fue feliz y se despidió de nosotros. Ella lo dijo minutos antes; “soy feliz”. Ahora lo alcanzo entender!  En ocasiones nos comunicamos con las miradas ante el silencio de las palabras que ella imponía y que yo seguía. Comprendí que el momento del cual ninguno de los dos nunca habló (la muerte física) fue por ella aceptado y que no avisaría. Preferí no saber cómo se manifestaría, ni cuándo. Lo único que le pedía a nuestro Dios reconocido es que me permitiera brindarles apoyo a ustedes. Tenía un terror al imaginar o pensar tan siquiera como sería mi reacción o la de ellos. Nunca acepté que nadie me hablara de la muerte. Ahora puedo decir que son y han sido muy fuertes, como el hierro forjado, igual a su madre!
No siento culpa ni remordimientos. No me quedé con nada nunca para manifestarle, expresarle o darle. Ella tampoco! Llegamos a hacer del dialogo la tónica usual diaria en el que todos los sentimientos se expresaron.  Sus madre fue mi mejor amiga! Aprendimos juntos a conversar.
Puedo asegurar que la muerte aunque la estemos enfrentando o esperando, siempre nos sorprende. A mi me sorprendió pero llegó en el momento en el que no quedó nada sin decir y nada por hacer. Dios me iluminó para advertirles que se acercaran más. Acepto la derrota que me dio la muerte! Me la quitó; pero lo que nunca nos pudo quitar la leucemia fue los momentos vividos, los que nos dimos, la palabras dichas y las expresiones de amor que nos brindamos; tampoco la leucemia pudo atacar nuestra espiritualidad ni la fe que logramos juntos obtener y que Dony saboreó, tampoco llegó a mermar las oraciones y sobre todo la paz entre nosotros. Dony me lo dio todo. Hasta su atención por mi bienestar en su lecho de enfermedad. Que noble!!
Orgulloso de ella me hizo sentir. Me superó en todo!…
Ahora nos toca abrir las ventanas y permitir que entre el aire fresco. Consintamos  que la tranquilidad y Dios sabe si la felicidad también, nos encuentre; ya en otra dimensión, y con otras enseñanzas con un camino que ella misma abonó, constituyéndose en el medio para ello del cual ella disfrutó por poco tiempo pero con plenitud.
Debo guardar solo lealtad a la humildad y la nobleza de corazón que me mostró y no a la historia de nuestro amor vivido con tremenda intensidad el cual he comprendido que no volverá, porque así es la muerte, cuando nos ataca y cuando nos gana. Por esto es que puedo recordar sin tristeza los pasajes de mi vida, sin expectativas falsas ni apegos.
Dony fue el instrumento para nuestra conversión y crecimiento espiritual. Ella me cambio la vida, su muerte me marco el alma y me tatuó el espíritu. A través del  camino del dolor por el cual transitó y enfrentó nos dejó la humildad, la nobleza y la valentía como herramientas para enfrentar todo!. Hasta el duelo y el luto mismo.
Siempre he escuchado referir que una mujer se hace tal por un hombre. Pero les aseguro puedo decir sin engreimientos lo contrario: Dony a mí me hizo hombre! Ella fue mi inspiración y ustedes el motivo.
Su muerte no fue en vano, me enseño a fortalecer aún más la fe en Jesucristo en lo bondadoso que es y fue con nosotros durante el andar por el camino tortuoso de la enfermedad terminal y por el  por el túnel obscuro de la perdida física del amor de mi vida. Son dos tránsitos diferentes en el primero hay esperanzas, coraje, expectativas, toda una mezcla de emociones y decepciones. En el otro solo fe de que el dolor va a pasar; sin embargo aprendí a reñir con el duelo. Todo lo que me rodea me hace recordarla. Fui a los lugares que sabía que sentiría un gran impacto por su ausencia. Yo no puedo decir que sufro. Ella fue quien sufrió. Ella cargó con la enfermedad. Yo solo la atendí para hacerla menos grave. Disfrute enormemente cada momento que Dios me regaló poderme inclinar ante ella y servirle...servirle con amor y convicción.
En ambos camino han aparecido ángeles que nos han acompañado.  Unos llegan, hacen su labor y se van. Otros están desde lejos pendientes para socorrernos apenas vean que los necesitamos. Y, hay otros que surgen porque Dios los pone a nuestro lado, hacen obras y se quedan...no sé por cuánto tiempo. Ojala que por mucho.
Me siento muy orgulloso de ustedes. Doy Gracias a Dios por haberme regalado a Dony y la vida que tuve con ella más los hijos que me dio.
Los amo!
Tu Papá

1 comment:

Edilberto González Trejos said...

Me veo en el espejo de esos pelaos, Jairo.