Vaivenes, de Kansuet. Una forma de vaina, parecida a la del guandú cuando cambia de verde a chocolate. Unos flecos despintados, escurridos desde la hamaca, capullo de niño, de niña, dormidos, con los ojos en el centro del pecho, soñando quizá con lo que jugaron en el día. En sus caras se asoma la felicidad que es bella, con olor a sudor y canto, pintada con manchas vibrantes como cuando el sol dibuja sombras en las cosas y derrama las manos de Kansuet sobre los lienzos. De nuevo me encuentro con esos caminos que hace el sudor cuando se escurre en los cachetes colorados y que sospecho que es donde Lucio humedece sus pinceles, pues no hay otra forma en que recoja tanta naturalidad. Y ese perro hermoso, amarillo, hoci largo, de bigote criollo, de paso ligero y brincón, cuando juega con esos chiquillos que ahora duermen en las hamacas guindadas de los bastidores. La galería Allegro está presentando del 9 de junio al 10 de julio de 2010 la exposición Vaivenes, de Lucio López Cansuet (Kan...