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La búsqueda es natural en el hombre. Su incansable cuestionar lo [nos] ha llevado a investigar, desarrollar y crear, de ahí que estamos en donde estamos. Qué sería del mundo sin los botones, los lápices, los hilos dentales... [los dos], las máquinas de coser, los focos, las peinillas, los autos, los zapatos, las botellas, los teléfonos, las cerraduras, los radios, las trampas para ratones, los largavistas, y todas las demás cosas que podamos mencionar. [Sí, ¿que sería?... ¿Sería?] Esa búsqueda indetenible es el motor de todo. ¿Dónde inicia? -En la mente-. [¿el corazón?] ¿A dónde nos lleva? [...] Quizás a seguir experimentando para ver si el pequeño Frankenstein aprende a decir "papá".
Hace algunos domingos realizaron un debate con los aspirantes a la presidencia del país. No sé que dijeron porque no lo ví ni lo oí. Creo que no fue muy distinto a lo que siempre dicen (por experiencias anteriores), y que a la hora que están ya en el puesto, se olvidan, se complican, las obvian o por la razón que sea, las incumplen. Lo que sí sé es que por ahora son accesibles, son cariñosos, sonrientes, entremetidos con el carretillero, el buhonero, la vendedora de frituras y besadores de abuelas bocachas y niños también bocachos. Ya después habrá que entender que los guardaespaldas y los asesores son los que impiden que el populacho se les acerque. Entonces será cuando se reunan en cómodos restaurantes con sus financiadores de campaña para ver como se acomodan las co$as. Quizás los esté aburriendo, y eso es lo que no quiero, como tampoco dejé que me aburrieran ese domingo demagógico y fue cuando decidí lavar un poco de calzoncillos sucios.
Estimado amigo David, no es primera vez que me pasa, aunque hasta anoche creo haber encontrado la respuesta a tan terrible situación. En un tablillero que tengo en casa acomodé algunos libros que en su momento leí. Cuando me paro frente a ellos y repaso sus lomos con la intención de releer alguno, caigo en el desconcertante abismo de no acordarme de qué tratan, es como si por primera vez los estuviera viendo. Comprenderás que la angustia empieza a crecer cuando tomo alguno, veo la portada, la contraportada y repaso sus hojas con la esperanza de que algún pasaje me revele una pista, jalar un hilo por donde se derramen los recuerdos... pero nada. Me acosté casi a medianoche. Tratanto de calmarme cerré los ojos y recordé que meses atrás fui abducido por seres exógenos. Concluí que ésta era la razón que afecta mi memoria. Cuando desperté en la mañana, llevé el libro de H. P. Lovecraft junto a los otros.
Después de meses de ausencia... regreso. Eso espero, porque la ida tamién es llegada [a otro lugar] de manera que siempre será un regreso. Con manos y pies, ojos y voz.
Es muy probable, en mi entender, que la sabiduría suprema en el obsequio de vida, derramó copiosamente la capacidad de manifestar aprecio cuando estas tres bestias hermosas fueron creadas. Aunque el período de gestación para la especie canina es de algunas semanas, indudablemente uno de los componentes principales fue el que permitió que estos animalitos tengan un corazón tan grande y que demuestran en sus saludos desmedidos. La belleza física es innecesaria cuando los gestos de cariño, probablemente amor, se dan sin nada a cambio. Debemos /debo/ aprender de ésta lección de vida.
Es entre miasmas que te busco, ilusionado, con las palabras sobre mi piel, dispuestas a redescubrirte a que seamos nuevamente voz y aliento. Olvidar las faltas que dibujaron las sombras, grises trazos que marchitaron nuestras intenciones. De no saberte es inducción a la locura, al desvarío, a un llanto sin consuelo, estéril.
El caballo, nervioso, se negaba a seguir. Un intenso olor a flores secas se sintió cuando ella, indiferente a nuestra presencia, caminó desnuda sobre el puente hasta disiparse junto al aroma de muerte. Rayo, mi fiel corcel, resoplaba nervioso, mientras yo sentía ese líquido caliente que se derramaba por mis tobillos.
Intenté levantarme pero no pude, no tenía fuerzas para hacerlo. Escuché un listado de nombres, entre ellos el mío. Con esfuerzo abrí los ojos y ví las flores moverse alrededeor de ella.
Tenía que limpiar mi honor ofendido. Esperé que se diera la vuelta, y lo hice.
Entré al depósito que permanecía completamente oscuro. Palmo a palmo me orienté hasta alcanzar la lámpara que había dejado en el piso. Cuando encendí la luz el resplandor alumbró su rostro, la cadena lo mantenía atado a la columna, la única diferencia con la vez anterior, es que ahora sonreía desorbitado.
La soledad de la lona me recibe grandiosa y extendida mi cuerpo estirado queda y la mirada entre luces perdida cuando el público en rugido estalla reacciono cuando el diez menciona así otro día pasa y mi edad también avanza recuerdos de mi madre cuando suplicaba que los golpes por favor abandonara.
Cuando busco en los tanques y tinacos, siempre encuentro algo que sirva. Cuando busco en los corazones de los hombres ...
Habían pasado ya entre dos o tres minutos de pelea. En un momento de "inacción" pudo levantarse y notó no en sus ojos ni en sus brazos, sino en su respiración que su contendor ya no tenía más fuerzas para continuar. Lo ayudó a incorporarse. No cruzaron palabras al respecto. Una semana después se encontraron en una gran actividad cultural, junto a otros artistas, pintando un extenso muro con temas de paz, unidad y fraternidad. A uno le tocó pintar a Jesús crucificado, y al otro, al ladrón arrepentido.
selva o bosque profundidad o superficialidad desmontad la bestia y amarradla, que las ideas vagan y la luz es escasa.